Un motivo más para ser felices y cortar el efecto domino: los traumas se heredan. No sólo heredamos las características físicas de nuestros padres; al parecer, también heredamos experiencias. Para comprobarlo, un equipo científico de la Universidad de Zurich traumatizó a un grupo de ratones y analizó las dos generaciones siguientes. Los resultados son sorprendentes, ya que todas las crías mostraron signos de trauma.
Además, un equipo de investigadores del Hospital Monte Sinaí, en Nueva York (EE.UU.) ha realizado una comparativa del ADN de un grupo de 32 hombres y mujeres judíos, con el de sus hijos, todos ellos de familias supervivientes al Holocausto, hubiesen vivido o no en un campo de concentración. Sus conclusiones revelan que los cambios genéticos asociados a estas experiencias traumáticas pueden transmitirse de generación en generación.
Cada vez que pasamos por una situación negativa, traumática y potencialmente dañina tendemos a protegernos mediante la ocultación en profundos rincones de nuestra memoria de aquello que pasó. Todos los sentimientos, recuerdos y sensaciones siguen estando ahí, pero vamos tapándolos con mas y mas capas de otros recuerdos para intentar que aquello que una vez nos hizo daño no vuelva a salir a la superficie.
Lo malo de este comportamiento, que todos tenemos y que nos sirve como forma de autoprotección, es que a la larga no va a hacer otra cosa que causarnos mas daño de forma inconsciente si no eliminamos del todo eso que tenemos enterrado. De lo contrario, un buen día explotará del todo y saldrá a la superficie con mas fuerza si cabe de la que tenía cuando quisimos olvidarnos de él. Y lo peor, se lo transmitiremos a nuestros hijos.
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