El dominio del
conocimiento puede ir acompañado de un cúmulo importante de desigualdades,
exclusiones y luchas sociales. Durante mucho tiempo el conocimiento fue
acaparado por círculos de sabios o iniciados con un principio rector: el secreto.
La evolución histórica propagó los conocimientos por intermedio del libro, y
luego de la imprenta, y también la difusión de una educación para todos en la
escuela y la universidad. Sin embargo, este ideal de conseguir un ámbito
público del conocimiento no se puede considerar como un logro definitivo.
En la actualidad,
la difusión de las nuevas tecnologías y la aparición de la red pública Internet
parecen abrir nuevas perspectivas a la ampliación del espacio público del
conocimiento. A este respecto, cabe la pregunta si se poseen ya los medios que
permitan un acceso igual y universal al conocimiento, así como un auténtico
aprovechamiento compartido de éste como una fuente del desarrollo humano sostenible.
Antes que los ordenadores y el acceso a Internet, la mayoría de las poblaciones
del mundo necesitan los libros, los manuales escolares y los maestros de que
carecen.
Cada sociedad
cuenta con sus propios puntos fuertes en materia de conocimiento. Por
consiguiente, es necesario actuar para que los conocimientos, del cual ya son
depositarias las distintas sociedades, se articulen con las nuevas formas de
elaboración, adquisición y difusión del saber valorizadas por el modelo de la economía
del conocimiento. No se puede admitir que la revolución de las tecnologías de la
información y la comunicación conduzcan, en virtud de un determinismo tecnológico
estrecho y fatalista, a prever una forma única de sociedad posible.
La nueva
importancia que cobra la diversidad cultural y lingüística destaca hasta qué
punto la problemática del acceso a los conocimientos es inseparable de las condiciones
en que éstos se producen. Promover la diversidad equivale a promover la
creatividad de las sociedades del conocimiento emergentes. Esta perspectiva apunta, principalmente, a suscitar en cada
sociedad una toma de conciencia de la riqueza de los conocimientos y
capacidades de que es depositaria, a fin de que los valore y aproveche mejor. Al
hacerlo, no cabe duda de que cada sociedad estará mejor armada para hacer
frente a las rápidas mutaciones que caracterizan al mundo contemporáneo.
Tomado del informe de la UNESCO "Hacia las Sociedades del Conocimiento"
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