Desde hace unos 20
años, imagino inclusive que desde mucho antes, se entiende que la crisis
venezolana es una crisis estructural. Hoy, en plena crisis, vuelve a
escucharse a los profetas diciendo que se trata de este tipo de crisis;
presentando los indicadores macroeconómicos, que al igual
que en décadas pasadas recuerdan que se trata de este tipo de crisis; realizando,
además, proyecciones sobre los catastróficos resultados económicos que se
vislumbran en el futuro inmediato cuando se trata de este tipo de crisis.
Ciertamente, las
crisis estructurales se superan en el lago plazo, es decir que si las
soluciones se hubiesen puesto sobre la palestra hace 20 años, posiblemente no
estaríamos en crisis en este momento. El costo político de decir estas verdades
seguramente es muy alto, pero como yo no soy político, pues puedo decirlo. Solo
en las próximas décadas se podrá ver una economía fortalecida, de
corregirse hoy las situaciones que han hecho posible que la crisis actual tenga esta
proporción.
Obviamente, un plan a largo plazo debe venir acompañado de soluciones a las crisis coyunturales o de corto plazo, sin que esto perjudique los resultados a largo plazo, lo contrario significaría que dentro de 20 años estaríamos hablando del mismo tema.
Obviamente, un plan a largo plazo debe venir acompañado de soluciones a las crisis coyunturales o de corto plazo, sin que esto perjudique los resultados a largo plazo, lo contrario significaría que dentro de 20 años estaríamos hablando del mismo tema.
En todos los
análisis que hasta ahora he podido leer, se parte de la corrección del
desequilibrio fiscal, el estudio de los ingresos y egresos, el fortalecimiento del sector privado, la protección del
empleo y el control de la inflación. Y es correcto este tipo de análisis, ya que se trata de las grandes variables macroeconómicas que son susceptibles de medición y evaluación.
Sin embargo, desde
mi perspectiva hay un punto prioritario que ni siquiera debería ser tema de discusión, de
hecho no lo es en otras latitudes por considerarse
obvio, y es el del control administrativo del Estado. Mediante este control se
solucionaría un problema especialmente sensible para la gran mayoría de los
venezolanos desde el punto de vista moral: la corrupción.
Ya en entradas anteriores he tratado el tema desde la perspectiva ideológica, como una mancha al proceso revolucionario. Hoy, ya no es solo un asunto más que ir arreglando en el camino. Todos los analistas en algún momento del discurso introducen el tema, solo que desde mi visión, se trata del punto de partida de cualquier politica económica y social que se quiera formular.
No se trata de crear más instituciones, sino de revisar el funcionamiento de las existentes; no se trata de contratar más fiscales, sino de evaluar el desempeño de los actuales; no se trata de borrar lo que hasta ahora ha pasado, sino de responsabilizar y sancionar a los culpables, ya que sin esto último no hay posibilidades de evitar que vuelva a comenzar el ciclo anárquico del desorden.
Ya en entradas anteriores he tratado el tema desde la perspectiva ideológica, como una mancha al proceso revolucionario. Hoy, ya no es solo un asunto más que ir arreglando en el camino. Todos los analistas en algún momento del discurso introducen el tema, solo que desde mi visión, se trata del punto de partida de cualquier politica económica y social que se quiera formular.
No se trata de crear más instituciones, sino de revisar el funcionamiento de las existentes; no se trata de contratar más fiscales, sino de evaluar el desempeño de los actuales; no se trata de borrar lo que hasta ahora ha pasado, sino de responsabilizar y sancionar a los culpables, ya que sin esto último no hay posibilidades de evitar que vuelva a comenzar el ciclo anárquico del desorden.
El control administrativo
del Estado, no es una cosa del otro mundo, no hay que estudiar en Harvard para
entenderlo, solo hay que revisar el destino de los recursos que le han sido
otorgados a las instituciones del Estado para que cumplan con sus objetivos,
incluyendo en Venezuela a los consejos comunales, como parte de la estructura
estatal. Por demás opinó que estas organizaciones, sin desvirtuar su importancia y pertinencia, extrapolaron la corrupción, hasta hace una década centrada en las instituciones públicas, hacia todos los sectores de la sociedad.
Este control tampoco es complicado desde el punto de vista funcional,
ya que el destino del recurso se encuentra determinado por la orden de pago, último eslabón
de la cadena administrativa. De esta manera mi tesis administrativa parte de que quien conoce las caracteristicas de la orden de pago (qué, cómo, dónde, cuándo y para qué), tiene el control. Como se ve, no hay que esforzarse mucho para
encontrar respuestas. Puede parecer simplista, pero nos sorprendería saber que
cumpliendo con una de las obligaciones primigenias del Estado, encontraríamos salida
a uno de los puntos fundamentales de todos los analistas.
¿Se acuerdan del
costo político? que valentía deberá tener el líder que tome esta iniciativa;
sin duda alguna va a aparecer tarde o temprano, porque las crisis coyunturales
o estructurales tienen también otra característica: no son eternas.
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