La
inteligencia emocional es la capacidad para identificar, entender y manejar las
emociones correctamente, de un modo que facilite las relaciones con los demás,
la consecución de metas y objetivos, el manejo del estrés o la superación de
obstáculos. Ante cualquier acontecimiento que suceda en tu vida, las emociones,
tanto positivas como negativas, van a estar ahí, y pueden servirte de ayuda y
hacerte feliz o hundirte en el dolor más absoluto, según cómo sea tu capacidad
para manejarlas.
Una de las mayores
contribuciones al bienestar humano ha sido, sin lugar a dudas, la práctica de
la meditación. Es a través de ella que podemos adueñarnos de nuestros
pensamientos y volvernos protagonistas de nuestras experiencias y acciones.
Cuando nos damos cuenta de que somos los pensadores y no los pensamientos
mismos, ganamos libertad, paz y armonía para nuestras vidas. A través de este
cambio en nuestra posición subjetiva logramos soltar tanto los dolores del
pasado cuanto las ansiedades acerca del futuro. Entonces nuestra mente, ahora a
nuestro servicio, se convierte en una enorme fuente de creatividad y disfrute
consciente.
La
meditación integral tiene tres etapas:
1.- Liberar las tensiones y los aspectos negativos de la mente para llenarla de paz: A través de la práctica de algunas técnicas se puede desarrollar un sentido de tranquilidad interna meditando sobre la idea de paz y liberación. Se hace a través de la concentración sobre el aliento que se llama ‘prana’. El aliento es respiración, que viene de la palabra ‘spiritus’ y que significa espíritu interno. Uno puede ser consciente de su espíritu por la experiencia de una paz profunda, uno se puede sentir como un alma libre de todo lo que es negativo. Este es el primer paso de la meditación: sentir el flujo interno por la frescura dentro de la cabeza y el flujo externo por la experiencia de la tibieza dentro de las fosas nasales.
2.- Encontrar el sentido de nuestra identidad espiritual: El yo, el sentido de la individualidad de nuestra conciencia, sufre por su identidad con el cuerpo. El hambre es el instinto de supervivencia que produce el egoísmo y, de éste, se sufre al experimentar el rechazo de los demás porque nadie quiere a un ser egoísta. Entonces, se dirige este sentimiento de identidad a través de una vibración sonora, como es la repetición continua de un grupo de palabras que se llama mantra. La palabra mantra viene de dos raíces, ‘man’ viene de manas que significa mente consciente y ‘tra’ viene de ‘trad’ que quiere decir hacer surcos, grabar. Así, ‘mantra’ significa hacer surcos de paz, liberación o de una identidad espiritual en la mente. Este segundo paso consiste en repetir mental y continuamente un mantra generando así una vibración sonora.
3.- Hacer surcos por tres afirmaciones principales: La primera afirmación es mi cuerpo es tu templo, y mientras se la pronuncia hay que sentir un flujo de armonía por todo el cuerpo, un sentido de salud, sentir como si estuviéramos adentro de una capilla, en el tabernáculo del espíritu. La segunda afirmación que se repite es mi mente es tu altar, sintiendo una luz en la mente, una luz de sabiduría que puede estar representada simbólicamente por el altar de Dios dentro de nuestra mente. La mente es deficiente por los instintos primordiales que la limitan, por eso la intención es purificarla y despertar nuestra conciencia espiritual. La tercera afirmación es mi alma es tu hogar.
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