Quizás hablar de meditación son palabras mayores. La sola palabra conlleva profundidad, pareciera inalcanzable. Vamos a hablar de simplemente relajarnos. La relajación siempre se inicia con la toma de conciencia de la respiración. La mayoría de las personas respiramos mal y no estamos conscientes de
ellos. El estrés y la ansiedad nos hacen contener la respiración y al
dejar de respirar, aumentan el miedo y la ansiedad por la escasa
ventilación aérobica.
Los ejercicios respiratorios deben comenzar desde una postura
cómoda, buscando el relax de la tensión muscular y estimulando la
respiración, eficaz, consciente, profunda y de balanceo
tórax-abdomen-abdomen-tórax.La boca ha de
estar ligeramente abierta. Brazos a lo largo del cuerpo. Pies paralelos.
Al principio basta con tres o cuatro respiraciones profundas, más
adelante pueden realizarse seis o siete, descansar un minuto y volver a
repetir. En la posición inicial hay un
primer tiempo de espirar despacio por los labios entreabiertos,
deprimiendo el tórax todo lo más posible y luego el abdomen.
Lo importante es concentrarse en la respiración y evitar pensamientos
inquietantes o perturbadores, nade de pensar en la agenda del día, en
cuentas ni en asuntos pendientes. Si surgen estos pensamientos, hay que
descartarlos tranquilamente y continuar con la respiración.

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