Muchas veces pensé en irme, en regresar a la tierra que me vio nacer, a mis raíces; hasta que me di cuenta que estoy en mi tierra, en la que me formé, la que me dio la oportunidad de estudiar y de, a través del trabajo, convertirme en una ciudadana útil para mi país; la tierra que vio nacer a mis hijos y que tantas alegrías me ha dado. Aquí he visto partir a mi hermana, quien quería a este país también como suyo y se rehusaba a irse; aquí la lloré y aquí la recuerdo cada día. En fin, alegrías y tristezas vividas, y así como madre no es la que pare sino la que cría, mi madre patria es Venezuela y siento tanto verla marchita, malquerida, ajada y manoseada por todo aquel que se cree con derecho.
No se construye el futuro desde la intolerancia y el irrespetuoso grito de desobediencia, no se piensa en futuro con esperanza cuando llamamos maldito a nuestro hermano, cuando insultamos a nuestros vecinos, cuando ofendemos al que no piensa igual que nosotros, llámese chavista, llámese opositor. Unos y otros argumentan que no iniciaron los insultos, ni tiraron la primera piedra, sin darse cuenta que la primera piedra viene de afuera, de aquellos que hoy argumentan la necesidad de intervenir en la situación interna del país y que no se cansan de felicitarnos porque nos enfrentamos unos a otros.
Tristeza por nuestros jóvenes que ven su futuro fuera del país, talento humano que será aprovechado por otros y cuyo esfuerzo se requiere hoy más que nunca en el país. Tristeza por aquellos que ven en la capucha la única salida, sin darse cuenta que también son utilizados con otros fines. Tristeza por aquellos que han servido de escalón para el provecho mal habido que otros han obtenido izando la bandera de la igualdad y la justicia.
Es verdad, no sé la respuesta, pero si sé que me quedo aquí hasta encontrarla, que me quedo aquí para cuando se necesite de mi esfuerzo y trabajo en la difícil etapa de reconstrucción que nos espera, que me quedo aquí sin odios ni rencillas, sin resentimientos. Defiendo esta tierra como mía, no busco recompensas por ello, solo espero en algún momento volver a salir y recorrerla en paz, solo espero que mis hijos no deban recorrer mi camino y vivir fuera de su país, anhelando lo que quedo atrás pero sin poder regresar porque una parte de nosotros ya no pertenece a ese lugar.
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